Dios

Dios debería regalarnos un bastón

y así nadie caería hacia la izquierda.

Lo intuyo algo vago, despistado

culpandome de todos sus pecados.

Dice ser mi padre

Y no le pertenezco.

Tengo la tez tostada

de suplicas al cielo

y roja

de tanto ponerla del revés.

Dame ese bastón

y déjame orgullosa

Regodearme en mis pecados

pues más vale dar la cara

que esconderme para siempre.

 

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Capítulo 1: Ramblas

De repente, se quedó petrificada observando el infinito de las ramblas de Barcelona.

Demasiada gente, demasiado ruido, demasiados cachibaches de colorines volando, demasiados quioscos, demasiados idiomas, demasiadas caricaturas, demasiadas paellas, sangrías, imanes, estampitas, camisetas del barça, demasiadas gitanas de plástico, como si todas supieran bailar flamenco, pensó.

Si alguna vez habeis sufrido un colapso emocional, sabreis que sucede mientras la sangre deja de regar del corazón a tus extremidades, y se vuelve pegajosa y negra como el petróelo para entrar como una bala en tu estómago y hacerte vomitar.

Era el primer día en que se decidía a dar un paseo sin tener a nadie a quien contárselo.

Contaba las baldosas de color beig y rosa esperando llegar rápido hasta Colón, el primer paso para superar cualquier ruptura es salir a la calle y gritar a los cuatro vientos que no necesitas a nadie para vivir, o quizás al principio, sobrevivir. Pero el grito no salía, un ahogo recorria sus entrañas y la respiración iba acompasada con suspiros esperando que ese nudo en la garganta se disipara.

En la baldosa numero 83, coincidiendo con su año de nacimiento, levantó timidamente la mirada del suelo, y allí estaban, todas esas personas sonriendo, clavando sus dientes como mil puñales en su mirada haciendole saber que cualquier movimento más, iba a ser peor.

 

 

 

 

 

Prepotente

Me miraba

con una perspectiva extraña:

de arriba hacia abajo

desafiando al vértigo.

 

El no sabía que las nubes

te sueltan cuando llueve

y seguía viviendo en ellas

como un ángel.

 

No sabía que yo

que tan abajo estoy

soportaré mejor el golpe.

Si pudiera

Si pudiera

guardaría tus ruegos

desesperos, insistencia

reclamos y auxilios.

Los pondría en mi caja

de inquietud

impotencia, cansancio

angustia y miedo.

Los casaría y te diría:

Que esperes niña

pronto vendrá la cordura

a salvarnos a todos.

No vayas demasiado lejos

niña.

y cuando corras

hazlo mirando atrás

y fíjate bien que allí

es dónde siempre estaré.

Poesía: Suicidio mental

A veces pensé

en rajarme el pecho

y demostrate sin palabras

lo podridos que estaban

mi corazón y mis entrañas.

 

A veces pensé

en tirarme al abismo

y demostrate sin palabras

que me podía romper.

 

A veces pensé

en sacarme los ojos

y demostrate sin palabras

que no quería verte más.

 

A veces pensé

en cortarme los pies

y demostrate sin palabras

que no podía andar sin ti.

 

Me cansé de esperar

y me puse a escribir

y te demostré con palabras

que mi corazón

mis ojos

mis pies

y mis entrañas

seguían intactos.

y tú

seguías sin aparecer.